3 abr 2010

consumismo navideño

Ella. Impaciente. Intranquila.

No entendía porque seguía en ese lugar deshabitado, con los pies congelados y las manos húmedas y tiritonas de tanto usar el teclado.

Prolongar las horas.

Malgastarlas.

Esperaba.

Algo de mí la entendía.

Recuerdo que cada vez al pasar frente a una tienda de accesorios, en especial aros, yo quedaba embobada mirandolos e instantaneamente quería un par. Y lo compraba. Y era feliz en ese momento. Sólo en ese momento. Luego los colocaba en un lugar especial de mi dormitorio, y ellos como niños esperaban ser elegidos para alguna salida extraordinaria en el caótico mundo de los humanos.

Seguía esperando.

Sólo quedaban pocos segundos para la partida.

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